Entradas agregadas ‘Pobreza’
Verónica Andrea Ruscio
Año Nuevo
Llega la tarde a Barrancas
y con ella una blusa verde con pollera amplia
nena de cinco y varón de siete.
Caminan hasta el colectivo
para volver a la pensión.
Ha ocupado el día
rasqueteando inodoros,
puliendo hornallas,
ahuyentando como bruja
el polvo ajeno.
Tiene un monederito tan chico
como una moneda
y delgado como tobillos
de gacela pobre.
La mano en la espaldita de los chicos
suave, constante.
No se separen que ya nos vamos.
Está cansada
pero el falta mucho la despierta.
Les arregla la ropa.
Le acomoda la trenza a la nena
parecida a la de ella,
la hebillita.
Conversa con voz pequeña,
les cuenta que esta noche comen bife
(que le sobró al mediodía a la señora
el bife envuelto que lleva en la bolsita
con las pantuflas gastadas que le dio el patrón
feliz Año Nuevo, querida).
y con ella una blusa verde con pollera amplia
nena de cinco y varón de siete.
Caminan hasta el colectivo
para volver a la pensión.
Ha ocupado el día
rasqueteando inodoros,
puliendo hornallas,
ahuyentando como bruja
el polvo ajeno.
Tiene un monederito tan chico
como una moneda
y delgado como tobillos
de gacela pobre.
La mano en la espaldita de los chicos
suave, constante.
No se separen que ya nos vamos.
Está cansada
pero el falta mucho la despierta.
Les arregla la ropa.
Le acomoda la trenza a la nena
parecida a la de ella,
la hebillita.
Conversa con voz pequeña,
les cuenta que esta noche comen bife
(que le sobró al mediodía a la señora
el bife envuelto que lleva en la bolsita
con las pantuflas gastadas que le dio el patrón
feliz Año Nuevo, querida).
El colectivo llega.
Hoy pasaron el día juntos.
Suben contentos.
…………………………………
Verónica Andrea Ruscio (1978) es argentina.
José Kozer
Premoniciones Para Finalizar El Siglo
En lo más crudo del invierno de 1981 encontramos en el único tiesto
vivo que quedaba en casa
una violeta
minúscula que en pleno día sin sol de sí arrojaba unas sombras
numerosas que se esparcían por el techo y por todas
las paredes
de la sala, desaparecían por las cuarteaduras y la hendija de las
maderas,
vivo que quedaba en casa
una violeta
minúscula que en pleno día sin sol de sí arrojaba unas sombras
numerosas que se esparcían por el techo y por todas
las paredes
de la sala, desaparecían por las cuarteaduras y la hendija de las
maderas,
nuestras niñas
dijeron que se fugarían a los manantiales: no era vivamente todavía la
voz del hambre ni el diácono de las horas
que llegaban
en su yegua con sus numerosas navajas barberas a raspar las cabezas
o cepillar algún mueble cuyas virutas
traerían
a la memoria los años de abundancia en que el caracol echaba de sí
grandes
multiplicaciones
y la luz nos confundía con aquellos limones grandes como vejigas de oro:
mucho
nos desalentó
aquella flor y más aún la luz que caía sobre el plato rebañado con sus
vestigios de otra luz
a la que sucumbieron
las grasas dulces de nuestras mujeres en sus faenas, la cópula dorada
de nobles panes a la mesa y el enredo de cuatro peces quietos con
su ojo derecho
en los platos.
dijeron que se fugarían a los manantiales: no era vivamente todavía la
voz del hambre ni el diácono de las horas
que llegaban
en su yegua con sus numerosas navajas barberas a raspar las cabezas
o cepillar algún mueble cuyas virutas
traerían
a la memoria los años de abundancia en que el caracol echaba de sí
grandes
multiplicaciones
y la luz nos confundía con aquellos limones grandes como vejigas de oro:
mucho
nos desalentó
aquella flor y más aún la luz que caía sobre el plato rebañado con sus
vestigios de otra luz
a la que sucumbieron
las grasas dulces de nuestras mujeres en sus faenas, la cópula dorada
de nobles panes a la mesa y el enredo de cuatro peces quietos con
su ojo derecho
en los platos.
JOSÉ KOZER (La Habana 1940 – )
