Entradas agregadas ‘Vida cotidiana’
Rimma Kazakova
Te perdono invariablemente
mis días de soledad,
y no me arrimo a otras orillas
aunque sean maravillosas.
Pero alcanzada esa práctica sensatez
al volver presuroso hacia el fuego doméstico,
¿Te perdonas a ti mismo? ¿Te perdonas
esos mis días de soledad?
Miguel D´Ors
MADRIGAL DE DIARIO
Y ahora hablaré de la maravillosa aspereza de tus manos cuando llegan a mi alma, directas, desde el Vim-Clorex,
hablaré del olor celeste a cebolla o sardinas que tiene a veces tu ternura,
de tus te quiero con estornudos, o con prisa o qué sueño,
de los cinco hijos que dan a cada gesto tuyo ese inmenso trasfondo de años y habitaciones y lágrimas y viajes,
ese inmenso trasfondo que tanto te embellece,
compañera de lunes, de martes, de heridas, de sonrisas,
de aniversarios secretos, de Beethoven,
de papeles que lo lamentan mucho pero no,
compañera.
MIGUEL D´ORS (Santiago de Compostela, 1946- )
Sirkka Turkka (II)
Tú eres mi razón de vida.
Pero no me quieres,
quieres a tu nuevo abrigo verde,
duermes encima de él.
El gallo duerme en el ropero de la entrada.
Te veo partir, se va alejando tu espalda
hasta que el abrigo y tú os desvanecéis del todo:
tantas veces te he visto de espaldas.
Este arte lo conozco, este tipo de talento
que no se puede aprender, no abre
sus puertas a nadie, y quien está dentro
ya no puede escapar.
Pero tú siempre regresas.
Yo te miro y vuelvo
un arenque crudo por la cola, como un martillo
lo disparo a su órbita
y con precisión aterriza junto al gato blanco
el que anda con la cabeza torcida,
con los ojos angustiados, siempre aparte.
El que tiene una lesión en su alma,
acaso un mal para toda la vida.
SIRKKA TURKKA (1939- )
Blanca Varela
VISITACIÓN
dejé al demonio encerrado
en un cajón
en su pequeño lecho de crespón
afuera el ángel vuela
toca la puerta
espera
en una mano la rima
como una lágrima
en la otra el silencio
como una espada
échame de mi cuerpo
son las doce
sin sol ni estrellas
Blanca Varela (Lima 1926- )
