Julio Cortazar: Rayuela, capítulo 7

Rayuela. Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

junio 24, 2013 at 7:40 pm 3 comentarios

Charles Bukowski: Hay un pájaro azul en mi corazón

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que está ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
montarme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

junio 10, 2013 at 4:51 pm 29 comentarios

Gibran Jalil Gibran: Del matrimonio

Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días.
Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios.
Mas dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos uno a otro, mas no hagáis del amor una prisión.
Mejor es que sea un mar que se mezca entre orillas de vuestra alma.
Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una.
Compartid vuestro pan, mas no comáis de la misma hogaza.
Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces.
Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música.
Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.
Y permaneced juntos, más no demasiado juntos:
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro.

junio 3, 2013 at 12:00 pm Deja un comentario

Julio Cortázar: El niño bueno

EL NIÑO BUENO

No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies
no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo.
Acepto este destino de camisas planchadas,
llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras.
El largo desarreglo de los sentidos me va mal. Opto
por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.
Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente
para traerte un pescadito rojo
bajo la rabia de gendarmes y niñeras.

mayo 28, 2013 at 5:49 pm 1 comentario

Miguel D´Ors: Como el agua

Como el agua
se afana
callada
bajo el trigo,

como la tierra,
humilde,
elabora
metales
y eleva
hasta la rosa
la hermosura,

así, de esa manera,
escribirás
tus versos:
sólo en hondo
silencio
germinan
las palabras
luminosas.

Del libro “La música extremada”

mayo 20, 2013 at 11:34 am Deja un comentario

Julia Donaldson: Abrir un libro

elefante

Abrí un libro y de una zancada me metí en él.
Ahora nadie puede encontrarme.
Dejé mi silla, mi casa, mi calle,
mi ciudad y mi mundo
tras de mí.
Llevo la capa, me he puesto el anillo,
he tomado la poción mágica.
He luchado con un dragón, cenado con un rey,
y nadado en un océano sin fondo.
Abrí un libro e hice algunos amigos.
Compartí sus lágrimas y su risa
y seguí sus caminos con sus baches y curvas
hasta que vivieron felices para siempre
Terminé el libro y salí de él.
La capa ya no puede esconderme.
Mi silla y mi casa son exactamente las mismas,
pero yo tengo un libro dentro de mí.

………………………………..
Fotografía vía http://awelltraveledwoman.com/
Traducción Ana Zarabozo

abril 24, 2013 at 9:58 am Deja un comentario

Virginia McKenna: ¿Qué es la tierra?

Virginia-McKenna-Born-Free1
¿Qué es la Tierra?
¿Un globo en el espacio?
¿Un pequeño paraíso?
¿Un planeta de hielo fundente
y fuego interno?

Bajo mi mano
su superficie se desmenuza,
mis pies aplastan
sus miles de flores.

El bosque tiembla
bajo mi espada.
El océano entristecido
llora lágrimas amargas.

Muerte de los dulces ríos,
lluvia que mata,
silencioso y secreto,
invisible dolor.

Un don del cielo
este pequeño mundo,
cada ave una joya,
cada árbol una madre.

¿Qué es la tierra?
Un frágil corazón.
Mi tacto suave
para salvar su vida
y la mía.

…………………………….
Virginia McKenna (Londres, 1931) es actriz y activista a favor de los animales salvajes.

abril 18, 2013 at 3:39 pm 1 comentario

Leonard Cohen: Debajo de mis manos

Debajo de mis manos

Debajo de mis manos
tus pechos pequeños
son los vientres volteados
de gorriones caídos que aún respiran.

Dondequiera que te muevas
oigo los sonidos de alas que se cierran
de alas que caen.

Me quedo sin habla
porque tú has caído a mi lado
porque tus pestañas son
las espinas de unos animales frágiles y diminutos.

Temo el momento
en el que tu boca empiece a llamarme
cazador.

Cuando me dices que me acerque
para decirme
que tu cuerpo no es hermoso
quiero citar
a los ojos y a las bocas escondidas
de piedra y luz y agua
para testificar contra ti.

Quiero que ellos
se rindan ante ti
ante la rima temblorosa de tu cara
desde sus profundos ataúdes.

Cuando me dices que me acerque
para decirme
que tu cuerpo no es hermoso
quiero que mi cuerpo y mis manos
sean estanques
para que te contemples y te rías.

………………………………………………………………………………

Del libro  The Spice-Box of Earth

Traducción: Ana Zarabozo

abril 10, 2013 at 9:16 am 2 comentarios

Seamus Heaney: Camino a Piedras Blancas

Foto del Archivo del Ayuntamiento de Castrillón.
A la mañana siguiente, de camino a Piedras Blancas
me sentía como un alma por la que alguien
estuviera rezando:
mareado pero reconfortado al mismo tiempo.

Vi hombres segando hierba con guadañas,
hermosas colmenas, un pozo, una capilla
y cestos cargados de maíz dorado como el oro.

Yo era un peregrino que no había estado nunca
en aquel entorno,
sin embargo me encontraba como en mi propia tierra natal,
The Gaeltacht, en los años cincuenta,
allí donde me recibían con los brazos abiertos.

Me sentía como si fuera de allí,
pero eso no parecía importarles
a las familias que trabajaban en los campos,
que bordeaban el camino,
que me miraban y saludaban con la mano desde
su otro mundo,
como seguía siendo costumbre, cerca de Piedras Blancas.

abril 5, 2013 at 12:26 pm Deja un comentario

Carlos Bousoño

Me amas como una boca, como un pie, como un río.
Como un ojo muy grande, en medio de una frente solitaria.
Me amas como el olfato, los sollozos,
las desazones, los inconvenientes,
con los gemidos del amanecer, en la alcoba los dos, al despertar;
con las manos atadas a la espalda
de los condenados frente al muro; con todo lo que ves,
el llano que se pierde en el confín, la loma dulce y el estar cansado,
echado sobre el campo, en el estío cálido,
la sutil lagartija entre las piedras rápidas;
con todo lo que aspiras,
el perfume del huerto y el aire y el hedor
que sale de una pútrida escalera;
con el dolor que ayer sufriste y el que mañana has de sufrir;
con aquella mañana, con el atardecer
inmensamente quieto y retenido con las dos manos para que
no se vaya a despertar;
con el silencio hondo que aquel día, interrumpiendo el paso de
la luz,
tan repentinamente vino entre los dos, o el que invade
la atmósfera justo un momento
antes de la tormenta;
con la tormenta, el aguacero, el relámpago,
la mojadura bajo los árboles, el ventarrón de otoño,
las hojas y las horas y los días,
rápidos como pieles de conejo,
como pieles y pieles de conejo, que con afán corriesen incansables,
con prisa
hacia un sitio olvidado, un sitio inexistente, un día que no existe,
un día enorme que no existe nunca, vaciado y atroz
(vaciado y atroz como cuenca de ojo, saltado y estallado por una
mano vil);
con todo y tu belleza y tu desánimo a veces cuando miras el techo
de la alcoba sin ver, sin comprender,
sin mirar, sin reír;
con la inquietud de la traición también, el miedo del amor y el
regocijo del estar aquí,
y la tranquilidad de respirar y ser.

Así me quieres, y te miro querer como se mira un largo río
que transparente y hondo pasa,
un río inmóvil,
un río bueno, noble, dulce,
un río que supiese acariciar.

marzo 26, 2013 at 1:56 pm 1 comentario

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